Por protestar y por ser “mujer” o disidente

Fecha de publicación: 2/11/21 a las 13:17. Categorías: Feminismo

Última actualización: 2/11/21 a las 13:17

Entrevista a María Angélica Cruz

Académica feminista de la Universidad de Valparaíso

Presentamos la entrevista realizada a María Angélica Cruz, académica feminista de la Universidad de Valparaíso, e Investigadora responsable del Proyecto Fondecyt N° 1210360 “Transmisión generacional de memorias sociales sobre el pasado reciente y movilizaciones que disputan el género en el Chile de la postdictadura”.

CF8M: No es lo mismo analizar la dictadura desde una perspectiva hegemónica masculina que desde un enfoque de género, ¿Cuáles son las principales distinciones y aportes de la memoria feminista en este proceso?

María Angélica Cruz : La dictadura afectó a toda la sociedad y de manera más dramática a quienes fueron víctimas directas del terrorismo de Estado. Sin embargo, como nuestra sociedad está atravesada por la desigualdad de género, las consecuencias de vivir 17 años bajo un régimen autoritario, con violaciones sistemáticas de los derechos humanos y con la implantación de un modelo neoliberal, también tienen una marca de género. Por ejemplo, la represión política castigó no solo el ser de izquierda, partidario de la UP o activista en el movimiento estudiantil, en los sindicatos o en otras formas de organización popular, castigó también a quienes desafiaron el modelo tradicional de género. Así, las mujeres militantes de partidos y movimientos de izquierda fueron perseguidas por sus compromisos políticos, pero se les acusó también de que “no eran buenas madres, hijas o esposas”; en la tortura se usó la violencia político-sexual “feminizando” a los varones y recordando a las mujeres que eran “mujeres”, “botín de guerra” y “cuerpos disponibles”. A su vez, la crisis económica que desató el régimen militar al forzar la implantación de un modelo neoliberal y privatizar lo que eran derechos sociales aumentó la precarización de la vida con consecuencias específicas para las mujeres encargadas de las tareas del cuidado feminizando más aún la pobreza. Las leyes que se aprobaron terminaron con lo poco que había en materia de derechos sexuales y reproductivos, como el aborto terapéutico. Además, hubo un intento de re-adoctrinar a las mujeres en el modelo tradicional que unía la defensa de la “patria”, “la familia”, la “propiedad privada” y un catolicismo ultraconservador, por ejemplo, a través de Cema-Chile. Es decir, hacer memoria de la dictadura desde una perspectiva feminista permite visibilizar la dimensión de género del autoritarismo y la violencia de Estado en múltiples ámbitos.  Pero, también ocurre que al recordar cómo se luchó contra la dictadura se olvida que hubo mujeres detenidas desaparecidas, ejecutadas, torturadas; se olvida que fueron las mujeres las primeras en salir a la calle a reclamar por las violaciones a los derechos humanos o no se dimensiona la importancia de las múltiples maneras en que las mujeres se organizaron para terminar con la dictadura y fundar un orden social distinto a aquél en el que vivían y eso incluye a las colectivas feministas, lesbianas, de mujeres pobladoras, de monjas de la iglesia liberadora, estudiantes, artistas, intelectuales y académicas, sindicalistas, militantes de partidos, entre muchas otras. Las memorias feministas permiten entender entonces las diferentes marcas de género de la dictadura, sus consecuencias que perduran hasta el día de hoy, así como los modos en que las mujeres lucharon contra la dictadura cívico-militar 

CF8M: ¿Cómo se relacionan las violencias sexuales como dispositivo de control perpetradas a mujeres en la dictadura y en la Revuelta Social?

María Angélica Cruz: Los cuerpos de las mujeres y de las disidencias son castigados generizadamente. Los agentes del Estado (policía, jueces, fuerzas armadas) no fueron re-educados desde una cultura de respeto a los derechos humanos y menos con perspectiva de género. Por lo tanto, cuando se producen detenciones ilegales, torturas y apremios ilegítimos, tanto en dictadura como en las manifestaciones en democracia así como en la Revuelta de octubre, la violencia sexual ha operado bajo múltiples manifestaciones desde los insultos, desnudamientos, amenazas, tocaciones y golpes, hasta las distintas modalidades de violación. A través de ellas se castiga la doble irreverencia: por protestar y por ser una “mujer” o  disidentx sexual, porque se espera que las mujeres seamos “pacíficas”, “amorosas” y “obedientes” o que las disidencias deberían “esconderse”. Y eso, además, no es un daño solo al cuerpo violentado, sino un mensaje al resto de la sociedad que dice “esto te puede pasar si te rebelas”. La violencia política sexual es entonces parte de un disciplinamiento social y político y no únicamente una conducta individual deplorable.

CF8M: ¿Cómo se han transformado las resistencias de mujeres y disidencias en la dictadura y en la post-dictadura?

María Angélica Cruz: No me atrevería a generalizar, de lo que yo he podido comprender por las investigaciones en este campo y porque soy parte de una generación que creció y se hizo joven en dictadura, que vivió la desmovilización de la democracia y que en los últimos años vive nuevamente la protesta y la organización, creo que la actual resistencia feminista es más diversa y abierta en sus vínculos, en el sujeto del feminismo, en el objetivo transversal en contra de la dominación patriarcal, contra la heteronorma y el neoliberalismo. En ese sentido, los feminismos no son solo parte de las organizaciones de mujeres sino de muchas disidencias sexuales y posiciones no binarias. Asimismo, hay más conciencia de los vínculos entre feminismos y postcolonialismos, nos reconocemos mestizas y nos articulamos con las mujeres de los pueblos originarios o las mujeres migrantes. Las manifestaciones públicas también han cambiado, hoy hay más permiso para marchar o disputar las calles desde formas de protesta que mezclan los gritos y cánticos de antaño con performance, danzas y batucadas, donde diferentes agrupaciones y colectivas portan sus lienzos, pero del mismo modo personas individualmente, entre amigas o en familias sostienen un dibujo o un cartel con creativas consignas u otras más jóvenes usan sus cuerpos como soporte para mostrar demandas y sueños. Junto con eso, contamos con un activismo digital muy importante a través de las redes y hay una sociedad más abierta a escuchar las demandas feministas contra todas las formas de precarización de la vida. Sin embargo, creo que también en la dictadura mujeres y disidencias “pusieron el cuerpo” en la calle de distintas maneras: en protestas, barricadas, acciones de la no-violencia activa como encadenarse a tribunales; en las poblaciones, universidades y organizaciones culturales y feministas se hacían boletines, revistas, panfletos; se colectivizaban los cuidados con ollas comunes, grupos de salud o jardines infantiles populares; se hacían talleres, videos y charlas de educación popular feminista en organizaciones sociales, en las comunidades cristinas de base o en centros culturales; en los partidos proscritos y los movimientos que defendían la lucha armada también había mujeres rebeldes que participaban; así como había otras que comenzaban a denunciar la explotación de la naturaleza o resignificaban la espiritualidad desde acciones pacíficas; y hubo mujeres de diferentes edades en los sindicatos, en los centros de estudiantes, en la prensa clandestina, en la docencia, en las familias, en los barrios, había  y hay mujeres con el bichito de no resignarse a repetir un orden social injusto. Podría seguir mucho más… la potencia feminista ayer y hoy trabaja de diferentes maneras, con avances y retrocesos, con conflictos y esperanzas, pero no nos quedamos quietas….y las ausentes nos acompañan.

¡Agradecemos la colaboración de María Angélica Cruz, vamos tejiendo redes! 

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