No pagaremos la crisis con nuestros cuerpos

Fecha de publicación: 28/07/20 a las 12:12. Categorías: Aborto, Contingente

Última actualización: 28/07/20 a las 12:12

Aborto libre, legal, seguro y gratuito

Estamos en un contexto de urgencia. La precarización de nuestras vidas, que hemos denunciado y nos hemos propuesto combatir ampliamente, se ha venido agudizando. Quienes nos gobiernan han pretendido que seamos nosotras, nosotres, con nuestras vidas y sobre nuestros cuerpos, quienes paguemos el costo de la crisis en curso. Lo hacemos con el trabajo de cuidados no remunerado que se ha vuelto más demandante que nunca en este contexto, lo hacemos con el sobretrabajo de jornadas que no inician ni acaban nunca y lo hacemos con la flexibilización del teletrabajo que nos tiene cumpliendo exigencias de rendimiento sin límite. También tendremos que pagarla con embarazos no deseados por inexistencia de políticas de educación sexual, de entrega de anticonceptivos, mala implementación de la insuficiente ley IVE y penalización del aborto. Es en ese contexto en que hoy volvemos a darnos cita. Este año, profundizando la lucha por un feminismo antirracista dinamizado por compañeras feministas afrodescendientes, el 25 de julio tomó en Chile el carácter que hace casi 30 años tiene a nivel internacional: de conmemoración de las mujeres y disidencias afrolatinas, afrocaribeñas y de la diáspora. El 30 de julio volveremos a encontrarnos como parte y desarrollo de ese recorrido, en una nueva jornada feminista y antirracista de lucha común por el aborto libre, legal, seguro y gratuito.

Damos hoy esta lucha en un escenario en que el gobierno y su gestión de la crisis ha impuesto jerarquías de preocupaciones que en nada se acercan a lo que hoy nos apremia. Han puesto por sobre todas las cosas el resguardo de las ganancias de unos pocos y despliegan una política de muerte que relega a lo invisible nuestras necesidades, deseos y exigencias. Para este gobierno hay vidas que no importan, vidas que no valen, vidas descartables. Guardan cómplice silencio ante la muerte negligente de Wislande Jean en Batuco tras no recibir atención en salud, responden con balas y lacrimógenas a las protestas por el hambre, intentan por todos los medios limitar el derecho al postnatal de emergencia, nos fuerzan a consumir nuestros propios ahorros, si es que los tenemos, y gestionan la atención de los escasos derechos sexuales y reproductivos hoy reconocidos por el Estado como si se trataran de un lujo prescindible. Nos negamos a esta política antiderechos que se alinea con la extrema derecha mundial, que tiene hoy los derechos sexuales y reproductivos bajo amenaza abierta a costa de nuestro cuidado y nuestras vidas.

Nos negamos a enfrentar este escenario de crisis con el terror de saber que, aún peor que antes, hoy no hay medios ni condiciones para decidir sobre nuestros cuerpos. Nos negamos a que se nos pretenda forzar por la vía de los hechos a la maternidad obligatoria, al aborto clandestino, al silencio.

No pagaremos la crisis con nuestros cuerpos. Denunciamos que esta situación es una arista más del régimen de miseria que defiende este gobierno criminal. Quienes hace siete años felicitaron a una niña de 11 años, Belén, por tener un hijo producto de una violación y que con ello a su pesar encendieron la llama de la primera marcha por el aborto libre, hoy callan frente a la responsabilidad que les cabe en el aborto espontáneo de Andrea Neculpán consecuencia del uso de la fuerza policial tras el allanamiento de su comunidad por parte de carabineros, por el aborto espontáneo de una compañera que protestaba en Villa Francia en las jornadas por el hambre, por el aborto espontáneo de Patricia Troncoso en el contexto de prisión política y por todos los abortos espontáneos que se generan por los usos de agrotóxicos. Tampoco dijeron nada cuando Lorenza Cayuhan fue forzada a parir engrillada frente a un gendarme. Forzar la maternidad a nivel general y castigar la maternidad según estos marcos raciales, coloniales y de clase es, justamente, su política.

Tenemos la certeza de que aunque se llenen la boca de discursos jamás les ha importado la vida, mucho menos la nuestra, mientras que para nosotras, la lucha por el aborto se trata precisamente de la lucha por otra vida posible. Queremos poder abortar porque es nuestro derecho, queremos hacerlo y sentirnos seguras, libres y sin barreras de clase ni raza. Queremos que el aborto sea legal y gratuito para todas, para que no sea privilegio de algunas poder decidir sobre nuestros cuerpos sin miedo a morir o ser encarceladas.

Esta, nuestra lucha, se arraiga en la demanda histórica por una maternidad consciente y deseada, como decían las compañeras del MEMCH en 1936. Se trata también de la lucha contra la esterilización forzada en América Latina, de la posibilidad misma de traer vida al mundo contra las violencias coloniales y racistas que pretenden el exterminio de mujeres indígenas y racializadas. Es por ello que, así como para nuestras hermanas argentinas, para nosotras la lucha por el aborto es a la vez la lucha por una educación sexual integral y una educación pública no sexista para decidir, una lucha por nuestra posibilidad de disfrutar y gozar una sexualidad consentida, libre de violencia y coerción, una lucha por que nunca ninguna niña más sea forzada a ser madre, una lucha por un sistema único de salud, público y no sexista y un momento más de nuestra lucha contra la precarización de la vida toda.

Seguimos en revuelta, no nos hemos ido, somos las que saltamos los torniquetes, las que levantamos las asambleas en todos los territorios, las que marchamos, las que fuimos primera línea contra la impunidad del terrorismo de Estado, las que levantamos las ollas comunes en medio de la pandemia, las que cantamos juntas que la culpa nunca fue nuestra, ni dónde estábamos, ni cómo vestíamos, fuimos las que estallamos por otra vida posible, esa que deseamos en lo más profundo. Somos fuerza que desborda todos los diques, y vamos también por un proceso constituyente popular, feminista y plurinacional para echar por tierra una Constitución que consagra nuestra subordinación y que nos llama a ser sostén de una sociedad de miseria. Hemos sido huelga y revuelta contra décadas de administración neoliberal y hoy ponemos al frente esas experiencias que nos aúnan desde abajo. Las mujeres y cuerpos gestantes abortamos. Abortamos en revuelta, abortamos en pandemia, abortamos con y sin casa, abortamos migrando, abortamos a toda edad, abortamos en el campo y en la ciudad, abortamos juntas hace siglos, abortamos ayer, hoy y mañana también.

 

Nos hemos encontrado y no nos soltaremos más.

¡Aborto libre, legal, seguro y gratuito!

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